sus últimas palabras - relatos breves fritos

Sus últimas palabras

Recuerdo haber leído sobre el suceso, que tuvo bastante repercusión a principios de los años ochenta: Hugo Rosales, a la sazón sanguinario capo de una organización criminal dedicada al secuestro y la extorsión que tenía en jaque a las fuerzas del orden, fue abatido a tiros por la policía al resistirse a su detención cuando salía de un restaurante de lujo. Leer más

ondas concéntricas - relatos breves fritos

Ondas concéntricas

Undostres, undostres…

Suena a lo lejos un vals, el joven puede oírlo pese a estar profundamente dormido. Interviene en algún momento un reloj de pared (“yo no tengo un reloj de pared”) que,  perfectamente sincronizado con el compás,  anuncia las tres de la madrugada con su voz metálica y estridente. Alguien, en algún lugar, suelta una carcajada que es seguida por muchas más. Finalmente el joven despierta, en una habitación que le es completamente ajena. No encuentra el interruptor de la luz –no sabe si hay interruptor de la luz- y ha de limitar su exploración al muestrario de bocetos lechosos que esparce la luna a través de los visillos del ventanal. Leer más

la cara y la culpa

La cara y la culpa

Asumido el inminente divorcio llegó un punto en el que me conformé con ponerle cara a la zorra. Más que de celos se trataba –o eso me repetía mientras esperaba apostada frente a nuestra casa con la intención de seguir a mi marido- de buscarle un contexto a ese futuro que estaba a punto de desgajarse del mío.

Pedro no tardó en atravesar el portal. Le seguí con más precauciones de las necesarias, visto el paso vivo y decidido que llevaba. Leer más

bonus track

Bonus track

“Estés donde estés, lo único seguro es que siempre habrá un lugar mejor y un lugar peor en los que en este preciso momento podrías estar”, solía decir Aníbal. Luego, cuando años después falleció tras una prolongada exposición a las sobredosis más diversas, no supimos si finalmente el cabrón de nuestro bajista había acabado saliéndose con la suya o meramente la muerte quiso demostrarle que se equivocaba despojándole de alternativas, que era por cierto una de las peores cosas de las que podías despojar a un nihilista desencantado como Aníbal.

Muchos años después, hoy, mientras deslizo los dedos índice y corazón por entre los miles de vinilos de segunda mano de la tienda de discos Perseo, me viene a la cabeza que no se me ocurre otro sitio mejor donde pasar esta tarde de sábado que sintiendo el tacto levemente pegajoso de las cubiertas, al acecho de esa pieza que sin saberlo he venido a buscar, que sin quererlo dará sentido e interrumpirá por hoy la búsqueda. Leer más

a ciegas

A ciegas

– ¿Le ayudo a cruzar, caballero?
– Es usted muy amable.
Le sujeto levemente por el antebrazo en que no porta bastón, lo justo para guiarle entre el tráfico sin que se sienta violentado. Dos minutos
después está a salvo en la otra acera.
Me da las gracias y le veo alejarse a buen paso por una calle que no he visto en la vida. Extrañado, miro en derredor: nada de lo que me circunda
me resulta familiar, ni hay peatones a los que pedir ayuda. Calle abajo, el ciego regresa por fin a casa.

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