la cara y la culpa

La cara y la culpa

Asumido el inminente divorcio llegó un punto en el que me conformé con ponerle cara a la zorra. Más que de celos se trataba –o eso me repetía mientras esperaba apostada frente a nuestra casa con la intención de seguir a mi marido- de buscarle un contexto a ese futuro que estaba a punto de desgajarse del mío.

Pedro no tardó en atravesar el portal. Le seguí con más precauciones de las necesarias, visto el paso vivo y decidido que llevaba. Leer más

bonus track

Bonus track

“Estés donde estés, lo único seguro es que siempre habrá un lugar mejor y un lugar peor en los que en este preciso momento podrías estar”, solía decir Aníbal. Luego, cuando años después falleció tras una prolongada exposición a las sobredosis más diversas, no supimos si finalmente el cabrón de nuestro bajista había acabado saliéndose con la suya o meramente la muerte quiso demostrarle que se equivocaba despojándole de alternativas, que era por cierto una de las peores cosas de las que podías despojar a un nihilista desencantado como Aníbal.

Muchos años después, hoy, mientras deslizo los dedos índice y corazón por entre los miles de vinilos de segunda mano de la tienda de discos Perseo, me viene a la cabeza que no se me ocurre otro sitio mejor donde pasar esta tarde de sábado que sintiendo el tacto levemente pegajoso de las cubiertas, al acecho de esa pieza que sin saberlo he venido a buscar, que sin quererlo dará sentido e interrumpirá por hoy la búsqueda. Leer más

a ciegas

A ciegas

– ¿Le ayudo a cruzar, caballero?
– Es usted muy amable.
Le sujeto levemente por el antebrazo en que no porta bastón, lo justo para guiarle entre el tráfico sin que se sienta violentado. Dos minutos
después está a salvo en la otra acera.
Me da las gracias y le veo alejarse a buen paso por una calle que no he visto en la vida. Extrañado, miro en derredor: nada de lo que me circunda
me resulta familiar, ni hay peatones a los que pedir ayuda. Calle abajo, el ciego regresa por fin a casa.

la maleta de arena -relatos breves fritos

La maleta de arena

Depositó sobre la arena la maleta, que llevaba preparada bajo la cama desde hacía semanas, y cerró con cuidado la puerta de la cabaña. Con los años el sueño de Bertina se había ido volviendo quebradizo y malcarado, y si algo no deseaba el fugitivo era tener una escena que mediatizase el adiós.

Con el corazón encogido, pero sin mirar atrás, el hombre comenzó a remontar las dunas de arena fina que conducían hacia el lugar donde había aparcado su viejo Citroën Xsara corroído por el salitre. Fue entonces cuando escuchó los gritos de auxilio. Leer más

falsa alarma - relatos breves fritos

Falsa alarma

Sólo yo sabía que eran dos, tan idénticas como reservadas. Si aplicaba el ojo a la mirilla hacia las once de la noche veía regresar a su apartamento a la más recatada. Un par de horas después salía la otra, con un atuendo que dejaba bien poco a la imaginación.
Y entre las once y la una discutían, casi siempre, en tono más agresivo que alto. Desde mi lado del tabique apenas se filtraban algunas palabras preñadas de reproches, que tras el portazo se bifurcaban. Leer más

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