Falsa alarma

Sólo yo sabía que eran dos, tan idénticas como reservadas. Si aplicaba el ojo a la mirilla hacia las once de la noche veía regresar a su apartamento a la más recatada. Un par de horas después salía la otra, con un atuendo que dejaba bien poco a la imaginación.
Y entre las once y la una discutían, casi siempre, en tono más agresivo que alto. Desde mi lado del tabique apenas se filtraban algunas palabras preñadas de reproches, que tras el portazo se bifurcaban.
Así, fui al único vecino al que le sorprendió que sólo una de las dos gemelas atendiera las órdenes de desalojo del inmueble, pese a haberse declarado el incendio pocos minutos antes de la medianoche.
Hace dos dias pudimos volver a nuestros hogares. El fuego, que se inició en la sala de contadores por causas que aún se desconocen, no pasó de la primera planta gracias a las puertas cortafuegos de cuya onerosa adquisición no ha tardado en vanagloriarse el presidente de la comunidad.
Hoy, a la una de la madrugada, no he podido reprimir más la curiosidad y le he preguntado a mi vecina por su hermana, a la que no veo desde lo del incendio. “¿Qué hermana?”, me ha respondido con aparente impasibilidad. La he visto alejarse escalera abajo, más recatada que de costumbre y cargada con una bolsa de basura especialmente pesada.

Autor : Erre Medina

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