Y nada por allá

Un buen día descubrí que había perdido la capacidad de imaginar cosas.

Quiero decir: seguía siendo capaz de pensar en días soleados, en un plato de macarrones con tomate o en un perro con cara de invertebrado, pero sólo porque estas imágenes estaban almacenadas en mi recuerdo . Era en cambio incapaz, por ejemplo, de imaginarme un plato de macarrones con un color, textura o sabor distintos de aquellos platos de macarrones que había probado o contemplado a lo largo de mi vida.

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